Cazorla y una vieja estampa torera

El númeroso público espera impaciente


La banda de música está preparada
Me parece recordar que fue el año 1888. Era por aquellos entonces, cuando las capeas se celebraban en la Plaza de Santa María, conocida por tal motivo con el popular nombre de “La Plaza de los Toros”. Desde tiempo inmemorial, todos los años, al llegar el mes de Septiembre, quedaba transformada en circo taurino. La Real Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo, tenía allí mismo almacenada, sobre el antiguo pretil de los garbanzos, la cantidad de madera necesaria para tales menesteres. Con ligerísimas variantes se construía en la siguiente forma: Contra el paredón del derruido campanil de la destruida Iglesia de Santa María, y como sitio de manifiesta preferencia, se alzaba el tablado de la Cofradía seguido del palco del Cabildo Municipal. Sobre la escalinata de la fuente de Las Cadenas, en forma semi-lunar hasta la hornilla de los garbanzos y de modo que no interrumpiese en lo más mínimo la visibilidad de los balcones, se construía el tablao de pago. El toril de abajo taponaba la calle de la Luz, y el de arriba la entrada de la Hoz. La estrecha salida de la calle de San Isicio, la cerraba una puerta y frente a la Bajada de la Plaza y calle Llera, se levantaban unas altas barreras, hechas de tal forma que, entre palo y palo, quedase espacio, más que suficiente, para que, con toda comodidad, los de la parte de afuera pudieran disfrutar del espectáculo.
La corrida va a comenzar

El primer toro
Y como si aún esto no fuera bastante, los amplios cerros de la Reguerilla y del Tirador, que dominaban por completo la plaza, brindaban holgado y gratuito acomodo a toda la afición de la provincia. Este gigantesco tendido de sol, construía una vistosa y abigarrada nota de color que, fuertemente impresionaba a todos cuantos, por primera vez, la veían. Por aquellos, que pudiéramos llamar felices tiempos, la administración de esta clase de empresas, era cosa sencillísima. Nada de propagandas murales, ni aperturas de taquillas, ni engorrosa venta de billetaje. Dos esbirros, de la más completa confianza de la Empresa, armados de sendas bardascas, una hora antes de la corrida hacían la requisa del tablado y se colocaban en la entrada de la escalera, en espera de que el público fuera viniendo. Un costal, en función de caja de caudales, colgado en un palitroque de la entrada y sobre él clavado un lacónico cartel, que con no muy buena letra, y desde luego con no mejor ortografía, podía leerse: - Entrada pa hombres y mujeres 2 reales y pa chiquillos y chiquillas 2 perras gordas -. El dinero iba cayendo en el costal y casi siempre la entrada se hacía ordenada y pacíficamente, pues si algún borracho molesto, o algún zagalón travieso, trataba de colarse sin pagar, pronto entraba en funciones la bardasca y la circulación quedaba restablecida.
Entrando a matar

El joven maestro
Y vamos al asunto. Érase, como ya hemos dicho, el año 1888 cuando se formó una empresa muy heterogénea compuesta por Don Pedro Ortega Muñoz, Leandro del Río y Miguelico Mota. Pronto llegó a conocimiento de esta trilogía que el famoso matador de toros Manuel Fuentes Rodríguez “Bocanegra”, tan cargado de años como ligero de bolsillo, iba de pueblo en pueblo, al frente de una cuadrilla juvenil, que se anunciaba con el colectivo sobrenombre de “Los niños cordobeses”, que cosechaban, si no muchas pesetas, por lo menos grandes aplausos en todas las plazas que actuaban. No tardó mucho esta empresa en ponerse de acuerdo con el viejo maestro cordobés. El día 18 de Septiembre y antes de comenzar la capea, Los Niños Cordobeses lidiarían y matarían un toro de nuestra Sierra, por cuyo trabajo se les abonaría el 50% de la entrada de la Plaza. Nunca fueron muy buenos que digamos, los servicios de viajeros que Cazorla tuvo. Llegó el día de la corrida. El reloj dio las 4 de la tarde y en la plaza de los toros se tiró el primer cohete. Los lidiadores no habían venido. La impaciencia en todos era grande. El minutero de la esfera de la torre, iba a marcar las 4 y media, cuando una turba de alborotados chiquilos irrumpió en La Corredera, gritando: ¡Los toreros, los toreros!. No tardó en aparecer el desvencijado carricoche. Paró en la puerta de la posada. Sudorosos y polvorientos, bajaron los torerillos. Gente joven al fin fue cuestión de pocos minutos cambiarse de traje. No habían dado las 5, cuando procedidos de la música y escoltados por numeroso gentío, llegaban a las puertas de la Plaza.
Los toros a pares

La Plaza abarrotada de público
Hubo que hacer una ligera suspensión para dar lugar a que la música se colocara en su sitio. Bocanegra, con su cansina mirada de viejo empresario, escrutó detenidamente el interior del improvisado coso taurino, que estaba abarrotado de público. Algo extraño y no muy tranquilizador debió de observar el veterano torero, cuando entabló en siguiente diálogo con uno de los empresarios que tenía a su lado: - ¿Dígame usted Don Pedro, pa que yo me vaya entendiendo, aquí qué público es el que paga? -. El de este tablado, dijo tranquilamente Don Pedro, señalando el que tenía encima. No pudo disimular el mal efecto que la contestación le causara y erecto el índice de su huesuda y temblorosa mano derecha, iba señalando los sitios que más llamaban su atención. - ¿Entonces, aquel…? -. Es el tablado de la Cofradía del Señor, dijo Don Pedro sin dejarle terminar. - ¿Y esas ringleras de balcones tan repletas de gente? -. Son propiedad de los dueños de las casas. - ¿Pero y aquel enorme tendido de sol el más grande que he visto en mi vida? -. Eso es la Reguerilla, sitio al que el pueblo de Cazorla tiene derecho a ocupar gratuitamente para ver los toros.
El tablado de la Cofradía

Termina la corrida
El flamear del blanco pañuelo del Presidente, seguido de los primeros acordes de un pasodoble andaluz, vino a interrumpir aquel dialogo en el momento que, en el curtido rostro del viejo maestro, empezaba a dibujarse un tic nervioso nada tranquilizador. Por fortuna, pronto se repuso, y acudiendo a organizar para el paseo, el personal de su juvenil cuadrilla, con mal contenida cólera, pero pausadamente, les dijo: - Niños, a ver como atoreais esta tarde, ya que por primera vez vais a trabajar en una plaza donde no hay tifus. Porque aquí, por lo que veo, lo que hay es…er cólera morbo asiático -. La trepidante y clamorosa ovación que la presencia de los diminutos torerillos arrancara en la hondonada de la Plaza de Santa María, fue ascendiendo de cerro en cerro, hasta posarse en el infinito al trasponer la ingente crestería de la gigantesca peña de los Halcones.
(Fotos gentileza de Antonia Moreno Tamargo)

Comentarios

Eugenio dijo…
Buenísima las imágenes de Cazorla en fiestas con ese color sepia característico de las fotos antiguas.
Un saludo.
Eugenio.
Atreyu dijo…
Hola Abraham. Muchas gracias por las palabras que dejaste en nuestro blog (http://elblogdelaalpujarra.com). Es reconfortante, tu lo sabrás mejor que nadie, ver que el tiempo y esfuerzo que dedicas a promocionar tu comarca y ofrecerla a todo el mundo a través de la red es valorado por aquellos que visitan nuestros blogs. He echado un vistazo a los tuyos y son geniales, las fotos alucinantes. Me encanta tu trabajo y me llena de satisfacción ver que hay gente que hace esta promoción tan bonita de sus comarcas y la ofrece a todo el mundo. Un saludo desde La Alpujarra.
Goathemala dijo…
Por supuesto que podemos ser blog amigos, si además soy jienense.

Eso sí. Los toros ni en pintura. Viendo las imágenes de los castillos de la sierra recuerdo una historia sobre la tragantía: una mujer que fue encerrada en el castillo (creo que de Cazorla) y se convirtió en serpiente.

Apenas tenga un ratillo te enlazo Panorámica desde La tierra de los árboles.

Saludos.
joan dijo…
Qué blog tan interesante, con tanta información sobre tu tierra. Me han gustado mucho las fotos.
Te felicito.
Saludos.
Goathemala dijo…
Enlazado, ya eres parte de mi bosque. Qué bellas fotos tienes!!!
Bravo, amigo Abraham!!!
Como modesto aficionado a los toros no he podido menos que emocionarme al ir leyendo tus detallados y preciosos relatos sobre las estampas toreras.
Que buena narrativa y descripción de aquella tarde de toros...
Trofeos, ovación, vuelta al ruedo y a abrir la puerta grande.
Un abrazo.
Felicidades Abraham. Me resulta cercano el blog, tengo sangre de la tierra. Además la zona de Cazorla, hace años la tenía muy presente, pues era Adelantamiento del Arzobispado de Toledo, sobre el cual estuve trabajando. De todos modos, las escapadas a Jaén suelen ser a La Carolina, aunque conozco otros puntos de la provincia. Tu blog me permitirá acercarme a esas tierras. También me he paseado por el otro paralelo, con fotos de varios autores. Seguiré visitándote, y de nuevo, gracias también por pasar por los Paisajes Escritos. Allí te espero.
Estupendo reportarge aunque la tauromaquia, no es mi afición favorita, saludos
Magnífica crónica, con vitola de otros tiempos.
Has cortado las dos orejas, amigo.
Saludos.
Hola Abrham, muy interesante este último artículo con las fotos históricas.
Creo que tu blog gana mucho con este tipo de aportaciones sobre la historia de Cazorla.
Gracias por enseñarnos un poquito más de ese bello pueblo en el que vives.
Un abrazo desde un caluroso día en Vigo
La Alpujarra dijo…
Hola,

Fantástico post y blog!!!

Aunque un poco largo, me refiero a la hora de cargar toda la columna de la izquierda tarda mucho y desposta un poco.


saludos,