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lunes, 19 de noviembre de 2007

Las viejas y bellas rejas

El origen universal de la forja es tan remoto que se designa a su inventor en la persona de Tubal, hijo de Lamech y descendiente de Caín, como el primer hombre de quién la leyenda dice que acertó a servirse del hierro para proveerse de herramientas, armas y armaduras.
Las rejas, habitan de forma callada en la arquitectura de Cazorla. Pero cada vez tenemos que fijarnos con más detalle y hacer más largo el paseo por sus calles para poder encontrarnos con alguna de ellas. Con el pasar del tiempo, nuestras casas adoptan otras formas, desnudas de por si y despojadas de ornamentos arquitectónicos.
Todos hemos podido ver a lo largo de nuestra vida como las viejas casas se tiran abajo y entre los escombros polvorientos, surgen nuevos edificios con puertas y ventanas que nada quieren saber de sus rejas y balcones.
Se les quita importancia y las dejamos a un lado en el olvido. Y cada día desaparecen de nuestra vista estos vestigios nostálgicos, como el agua se nos escurre de nuestros dedos, sin darnos cuenta de que nos embellecían y enmarcaban el bello paisaje cazorleño.
Sin embargo, en algunas calles, incluso céntricas, hay algunas que escaparon hasta hoy, a los rigores de la piqueta y a las exigencias solicitadas por razones inmobiliarias, talvez porque hubo alguien con gusto que quiso respetar su pasado, o quizás le venia bien para seguir colgando sus macetas, no lo se…
Los que todavía son sensibles a los detalles evocativos (como un patio con baldosas de piedra laja, puertas, ventanas y techos de madera, paredes cubiertas de cal y jazmines, etc.), los que aman un pueblo con ese sagrado furor que emerge del olvido, pueden llegar a conocen la belleza y el sentimiento de nostalgia que despierta la imprevista presencia de un bello balcón o una reja.
Lo cierto es que como yo, hay mucha gente aún que cree que todavía quedan personas sensibles a esta suerte de encantamiento, y las rejas y balcones les estimulan y maravillan, tanto o más que a sus anónimos creadores; nos transportan hacia tiempos pasados y reviven antiguas sensaciones y recuerdos que de nuevo florecen.
El arte del hierro alcanzó su gran apogeo en la España antigua. El batido a martillo del metal candente hasta darle la forma que todavía se puede admirar en estas rejas, es decir lo que se llama “La Forja”, se puede contemplar también en estas rejas cazorleñas, creadas por artistas anónimos que sembraron en nuestra querida ciudad de Cazorla esta maravillosa recreación geométrica abierta a todas las posibilidades de la fantasía.
Hay varios aspectos que rigen la creación de estas rejas tan decorativas y que dan lugar al empleo de cenefas, rosetones y todo tipo de motivos geométricos. Uno de ellos es la soldadura a la calda, que consiste en caldear dos piezas juntas con el propósito de obtener en las llamas una soldadura perfecta, pudiendo estos artistas, mediante este descubrimiento, dar mayor amplitud a sus virtudes imaginativas.
Nacen así infinidad de tipos como pueden ser: las rejas con crestería de pinchos en forma de lirios; rejas con volutas sensuales y dibujos árabes, que recuerdan a veces las características decorativas de la técnica gótico-mudéjar; rejas con frisos, hojarasca y flores; rejas con barrotes retorcidos o barrotes verticales terminados en vástagos floridos; rejas con molduras caladas; rejas con cintas de hierro en forma de volutas; rejas encopetadas con cenefas en forma de cintas, etc.
Las rejas no solamente las podemos ver en la ciudad, esas que gozaron en sus buenos tiempos nuestras abuelas, adornándolas de geranios, magnolias, jazmines y el envolvente olor de azahares, sino que también aparecen en nuestros núcleos rurales o cortijos, quizás con más asiduidad y belleza.
Pero en nuestros días, mientras que la arquitectura moderna, tiende más y más al despojo, estos hierros forjados dejan una sensación de espiritualidad y emoción en las fachadas de las viejas casas que aún se mantienen en pie, y proporcionan esa característica del hierro domado que ha sabido sobrevivir hasta nuestros días, en una forma elevada y ennoblecida del primitivo origen de un metal que cobra en el sacrificio del fuego una cualidad de raro origen poético.
Nuestras queridas rejas. Aquí las tenemos, viendo pasar el tiempo, con alguna que otra mano de pintura para tapar sus viejas arrugas, pero con la ilusión de seguir adornando Cazorla… ¿Qué otros elementos podían darle a nuestro pueblo esa pátina de antiguo romanticismo?...
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Este artículo no hubiese sido posible sin la magnifica aportación fotográfica realizada por nuestro paisano y amigo José A. Martínez Sánchez, que según el, las rejas están fotografiadas en un paseo que realizó entre la calle Llana y el barrio de las Casas Nuevas; la última, que es de mi cosecha, es de una casa vieja situada en el paseo del río Cerezuelo.

4 comentarios:

Javier Gutiérrez dijo...

Hola, Abraham. Ante todo gracias por tu comentario en mi blog. Te enlazo desde él.

Me gustan las fotos de detalles de arquitectura popular. Las fotos de verjas, preciosas. Hace siglos (bueno,años) que no paso por Cazorla, pero decirte que me encanta. A raíz de tu comentario se ha barajado en casa estos días la palabra Cazorla como destino del verano. Bueno, saludos, enhorabuena por tus blogs (sé que es mucho curro) y ánimo en tu empeño.

Diana L. Caffaratti dijo...

Sabes que visito con frecuencia tus blogs; éste, particularmente.
Me he quedado encantada con el tema de las rejas. Lo vuelvo a leer.Y lo vuelvo a mirar.Me vuelve a gustar.
Encantador a la vez que instructivo.

Galileus dijo...

Te aseguro, Abraham, que a partir de ahora observaré las rejas con más detenimiento. Y talvez algún día tendré la suerte de visitar esa tierra tan hermosa, como la describes, tu querida Cazorla.

Saludos desde Lima!

totufojams dijo...

Muy emotivas tu aportación literaria al reportaje ( sin olvidarme de la reja de río cerezuelo, preciosa, ). Te felicito porque has llegado al fondo.
Las rejas son , esí mismas, "transportadores al pasado , allí cuando el sonar de la herraduras de los burros te despertaban, acompañados de ¿ dónde va?, en una calurosa mañana de verano. A un tiempo menos desarrollado pero más auténtico. Son testigos mudos de nuestro pasado y celosos guardianes de secretos.
Un saludo Totufojams